
LA CASA DONDE ME CRIÉ NO TENÍA ASCENSOR. Vivía en un tercer piso. Una altura no demasiado alta que dependiendo d la ocasión se podía convertir en una camino infinito. Otra de mis extrañas costumbres, en esta ocasión de mi infancia, consistía en montarme una persecución mental en toda regla.
Aunque ahora me siga recreando en el recuerdo, era más joven y aún vivía con mis padres cuando la cabeza se me iba en pensamientos imposible. La experiencia transcurría siempre en los mismos momentos.
A la hora de regresar a casa por la noche, me gustaba pensar que todos los monstruos de la Universal salían de los jardines que rodeaban mi antiguo bloque de viviendas y empezaban a perseguirme a la carrera. En un grupo compacto, surgía Frankenstein, Drácula, El Hombre Lobo, La Momia y toda la peña maligna. Lo mejor de todo es que me lo llegaba a creer y solía subir corriendo a toda prisa las escaleras de los tres pisos. He de admitir que la carrera que se marcaban los monstruos tenía un punto cómico. Casi felliniano diría yo. Creo que si mezclan a los personajes de la foto de arriba con esta secuencia a partir del minuto 2:10 tendrían una idea más o menos aproximada de la escena mental que me montaba.
Que conste que nunca me llegaron a atrapar.
Una auténtica pena.




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